¿Cómo Ser Financieramente Saludable?

En un país como Argentina, la expresión “financieramente saludable” seguramente sorprende a muchos. Incluso, es altamente probable que la mayoría de los habitantes de estas tierras no la hayan dicho y ni siquiera escuchado en sus vidas, al menos una vez.

Es que nuestro país, más precisamente su población, tiene un enorme déficit en materia de educación financiera: aquellas nociones culturales y conocimientos básicos, elementales, que a cualquier se humano adulto le permiten tener cierto equilibrio entre el dinero que le ingresa y el que eroga, como así también tomar decisiones de planificación en cuestiones patrimoniales y de sustentabilidad del ingreso para cuando alcance la edad económicamente pasiva de su vida.

Concretamente, “administrar aquellos recursos que tiene a disposición”, incluido su tiempo y expectativa de vida, para poder resolver de manera eficiente no sólo las cuestiones de funcionamiento doméstico de su vida y la de su familia, sino también para construir un patrimonio a largo plazo.

Asimismo, es natural que el común de la gente piense que este tipo de cuestiones sólo aplican a personas de alto poder adquisitivos o que, por ejemplo, palabras como ahorro o inversión están reservadas para inversores sofisticados, acostumbrados a grandes movimientos financieros. Indudablemente se trata de una concepción cultural muy arraigada, de motivos múltiples, pues la salud financiera incluye un conjunto de hábitos comparables a cualquier otro de la vida personal y que puede (y debe) ser incorporado por personas de cualquier estrato social y económico. Nos referimos a cosas tan simples como las siguientes:


• Conocer cabalmente el monto y tipo de ingresos que la persona dispone. No sólo la cantidad nominal sino su condición de fijo, variable o mixto, como así también el tipo de periodicidad con que se generan (mensual, semestral, anual, etc.).


• Conocer las necesidades monetarias para el funcionamiento operativo mínimo y necesario de la vida que lleva. No confundir estos conceptos con créditos a pagar.


• Intentar por todos los medios posibles que las dos nociones anteriores estén en equilibrio: gastar menos de lo que ingresa. Y en caso de desequilibrio, tener consciencia de que esa situación tiene sus consecuencias: asumir créditos para financiar consumo (tarjetas de crédito, préstamos personales), dejar de pagar obligaciones impositivas con el costo que eso puede acarrear en el futuro, etc.


• Analizar muchos caminos alternativos para bajar y, en el mejor de los casos, eliminar gastos superfluos.


• Analizar caminos sensatos para incrementar ingresos de manera sustentable.


• No confundir gastos de consumo o simples “gustos” con ahorro o inversión. Comunmente las personas dicen “yo invierto en mí: viajo”. Es una expresión muy válida y una decisión que cualquier persona adulta está en condiciones de tomar, pero, en sentido estricto esa persona no está invirtiendo.


• Destinar de manera planificada una parte del excedente entre ingresos y egresos al ahorro o a la inversión como forma de ahorro. Para ello es fundamental fijarse objetivos (el fin hacia el cual será destinado el excedente) y ser muy comprometido y disciplinado, mes a mes, para cumplirlo. Tan importante como lo anterior es que la expectativa de ese propósito sea realizable y cumplible de manera sostenida.